Chile, Perú, Ecuador y Colombia (24-VII a 16-VIII-2024)
Chile
Después de pasar unos días en el norte de España en los que no dejó de dedicar buena parte de su tiempo a atender a los fieles y cooperadores de la prelatura (el 16 de julio, por ejemplo, tuvo un encuentro con varios miles de personas en el polideportivo de la Universidad de Navarra, en Pamplona), el prelado del Opus Dei inició su viaje a Latinoamérica. Llegó a Santiago de Chile el 24 de julio muy temprano por la mañana. Tres familias le dieron la bienvenida en el aeropuerto.
El jueves 25, Mons. Fernando Ocáriz visitó al Arzobispo de Santiago, Mons. Fernando Chomalí. Al encuentro asistieron, además, Mons. Alberto Lorenzelli, vicario general de la arquidiócesis, el padre Juan Ignacio Schramm, vicario episcopal de la zona norte y el vicario regional del Opus Dei, d. Álvaro Palacios. Obsequiaron al prelado con una medalla de la Virgen del Carmen, patrona de Chile, y un libro sobre la reciente restauración del palacio episcopal. El prelado, a su vez, regaló al arzobispo un ejemplar recién editado de Hablar de Dios y de las cosas de Dios, texto que recoge palabras dichas por san Josemaría en su viaje a Chile hace cinco décadas.
Por la tarde, Mons. Ocáriz se reunió con algo más de 350 mujeres jóvenes en el salón de honor Álvaro del Portillo de la Universidad de los Andes. Al ritmo de las preguntas de las asistentes, explicó que la clave de la felicidad en esta vida es tener un corazón enamorado de Jesucristo. Dijo que, ante las dificultades o el desánimo, siempre podemos dirigirnos a Dios como «Padre mío», con la confianza de que somos sus hijos, miembros de su familia. El prelado animó a las asistentes a despertar en otras personas el deseo de realizar obras de servicio a los más necesitados, porque todos somos responsables del mundo en que vivimos. Por ello, las invitó a soñar con el bien de la propia existencia y la de los demás. Les propuso buscar tener una vida feliz, enamorada, llena de amor de Dios, incluso cuando aparezca el sufrimiento, porque también en medio del dolor podemos pensar en el amor que Dios tiene por nosotros.
El viernes 26 de julio, Mons. Ocáriz dio una clase a profesores de la Universidad de los Andes, de la que es rector honorario[1]. Por la tarde estuvo en el colegio Tabancura con un numeroso grupo de jóvenes que frecuentan las actividades de formación espiritual y humana que promueve el Opus Dei. Somos apóstoles, tenemos que querer a la gente, ya que todas las personas son objeto del amor de Dios, les dijo. Añadió que, para explicar y compartir con los amigos la experiencia de la oración, sobre todo con personas que están lejos de Dios, es importante que exista verdadera amistad. En una de las intervenciones finales le contaron de las visitas semanales que realizan algunos de ellos a ancianos en los barrios populares de Valparaíso. A propósito de esta iniciativa social, comentó que en cada persona hay una tendencia a buscar el bien de la gente, que con la gracia sobrenatural se ve acentuada para ayudar a los que más lo necesitan. «Contamos con una gran luz; por lo tanto, tenemos la responsabilidad de ir a los demás. La clave está en ver en los otros a Jesucristo. No nos quedemos parados, quietos. Muchas veces podemos hacer más de lo que pensamos», concluyó.
El sábado 27, Mons. Fernando Ocáriz tuvo un encuentro con mujeres del Opus Dei en la Residencia Universitaria Araucaria. Entre otras cosas, les habló de la disponibilidad para decir sí a los planes de Dios. Al final de la mañana recibió a Nena y Pepe, ambos de 100 años, un matrimonio que a finales de la década de los sesenta impulsó varias iniciativas sociales y educativas. Por la tarde estuvo con varias familias de personas de la Obra: habían viajado desde Antofagasta, Rancagua, Melipilla y Talca. Al finalizar la jornada aún tuvo otro encuentro en el Centro Cultural Alameda. En él animó a los asistentes a cuidar el mensaje que predicó san Josemaría en Chile hace 50 años, a manifestar la alegría que da el amor y a cuidar la fraternidad, de la que surge el impulso para acercar las almas a Dios.
La visita de Mons. Fernando Ocáriz a Chile continuó el domingo 28 de julio con un encuentro con familias en el Movistar Arena. Presidía la reunión la réplica peregrina de la Virgen del Santuario de Lo Vásquez. Un tema recurrente en muchas respuestas del prelado a las preguntas del público fue la necesidad de rezar: «Lo primero, para todos, es la oración», afirmó. «¿Qué hacemos para preservar la fe de los hijos? Rezar. ¿Cómo vivimos con alegría las dificultades de la vida diaria al sacar adelante a la familia? Rezando. ¿Cómo podemos acompañar mejor a los mayores, a los enfermos, a los moribundos? Pidiéndole al Señor por esas personas y enseñándoles a rezar». Recomendó el rezo del Santo Rosario, oración de gran valor ante la Virgen, la «omnipotencia suplicante». Habló también de la Eucaristía, centro y raíz de la vida cristiana, dijo, en la que se hace presente la redención del mundo. Un matrimonio del Centro Familia de la Fundación Nocedal agradeció la carta que el prelado había enviado en febrero, tras los graves incendios que se produjeron en Viña del Mar, y contó que, a raíz de aquellos sucesos, cuarenta familias de las comunas de La Pintana y Puente Alto fueron a socorrer y acompañar a las víctimas. Mons. Ocáriz les alentó en esa iniciativa y les dijo que, junto con la ayuda material, entregaran siempre comprensión y cariño.
Precisamente el día siguiente por la mañana, el prelado visitó los colegios Trigales y Puente Maipo, ubicados en Bajos de Mena, sector de escasos recursos en la comuna de Puente Alto. Se detuvo en el Centro Familia de la Fundación Nocedal, a la cual pertenecen esos colegios, y bendijo una gruta dedicada a la Sagrada Familia de Nazaret construida por las propias familias. Después se dirigió al lugar donde se levantará el futuro oratorio del colegio Trigales y bendijo una imagen de san José y otra de la Virgen.
En su último día en Chile, Mons. Fernando Ocáriz acudió al santuario de la Inmaculada Concepción, situado en la cumbre del cerro San Cristóbal. El rector, padre Jaime Tocornal, le contó la historia del santuario y le regaló un libro. Tres santos han visitado el santuario hasta ahora: san Alberto Hurtado, san Juan Pablo II y san Josemaría. De regreso, Mons. Ocáriz y quienes lo acompañaban se detuvieron unos minutos ante la imagen de san Josemaría que se encuentra en una plaza ubicada en la avenida que lleva su nombre.
El martes 30, a primera hora de la tarde, el prelado del Opus Dei se dirigió al aeropuerto de Santiago, de donde viajaría con destino a Lima.
Perú
Una vez en Lima, el prelado acudió, el 31 de julio, a saludar al arzobispo, Mons. Carlos Castillo, y luego a rezar a Nuestra Señora de la Evangelización, en la catedral, ante cuya imagen también había rezado san Josemaría en 1974.
Al día siguiente marchó a Arequipa, y también allí se entrevistó, nada más llegar, con el arzobispo de la ciudad, monseñor Javier del Río Alba. Al mediodía comenzó un encuentro con familias y jóvenes en contacto con el Opus Dei en el centro de convenciones del Club del Colegio de Abogados. Entre el público había personas procedentes de Tacna, ciudad fronteriza con Chile, y de Cusco, a 500 km de distancia a través de los Andes. Luego de rezar el Ángelus con todos, el prelado hizo unas consideraciones acerca de la santidad, que no consiste, dijo, en no tener defectos, pues «no es una perfección de museo, sino una perfección de amor». Después respondió a algunas preguntas y escuchó los testimonios que hicieron varios de los participantes en el encuentro. Esa misma tarde regresó a Lima.
El viernes 2 de agosto se reunió con diversos grupos en lo que hoy es un centro cultural de la sede limeña de la Universidad de Piura. En ese mismo local también san Josemaría, en 1974, tuvo encuentros con numerosas familias. Hubo intervenciones de personas de distinta condición. A propósito de una sobre el discernimiento vocacional, Mons. Fernando Ocáriz señaló que «todos tenemos una vocación y todos necesitamos luz para ver lo que Dios nos pide». Y en ese contexto añadió: «El Señor no quiere ser tan evidente para no coartar nuestra libertad».
El sábado, Monseñor Fernando Ocáriz visitó Piura, donde más de cinco mil personas provenientes de varias ciudades del norte peruano, como Chiclayo y Trujillo, se reunieron para escucharle y, en algún caso, compartir con él sus inquietudes. Varias de las preguntas que le hicieron buscaban una respuesta sobre el modo de dar cauce al espíritu de servicio. En la última intervención, dos profesoras del Instituto de Ciencias de la Familia de la Universidad de Piura expusieron los resultados de una reciente investigación que han realizado y dieron ocasión al prelado de hablar del amor y el matrimonio.
El domingo 4 de agosto, el prelado se reunió con otro gran grupo de familias en la sede del Polideportivo Legado de Villa El Salvador, al sur de Lima, donde acudieron personas de la capital, de Chiclayo (a 770 Km de distancia), de Cañete (un poco más cerca, a unas dos horas en coche) y de otras ciudades peruanas. Monseñor Ocáriz comenzó animando a crecer en vida de fe y a dar gracias a Dios por el don de la Eucaristía. Después entró en diálogo con el público. Respondiendo a un profesor de colegio, que a la vez pertenece a una banda de rock, comentó que la música es también un camino para encontrar a Dios: «La belleza surge de la belleza de Dios y eleva el alma», dijo. «Podemos ver en la belleza de la música un rasgo de la belleza infinita de Dios». Poco antes de finalizar la reunión, una persona le regaló una imagen de san José durmiendo. Monseñor Ocáriz recordó que el Papa tiene especial devoción a san José y animó a todos a rezar por la Iglesia, por el Papa y por el mundo entero, en especial por la paz.
El lunes, el prelado del Opus Dei visitó el santuario de Nuestra Señora, Madre del Amor Hermoso, en Cañete, cuya imagen fue regalada a la prelatura de Yauyos por san Josemaría. Allí se reunió con sacerdotes provenientes de diferentes ciudades: Lima, Chiclayo, Cañete, Ica, Huancavelica, Abancay, Callao, Chulucanas, Ayacucho y Chosica. Les animó, entre otras cosas, a cultivar la virtud de la esperanza y a vivir la comunión de los santos. Concluido el encuentro, rezó un responso en la cripta del santuario, donde están enterrados varios sacerdotes de la prelatura de Yauyos. Por la tarde, también en Cañete, estuvo en el Instituto Condoray con grupos de mujeres del Opus Dei y familias de la zona: a todos animó a reconquistar la alegría en cada jornada.
Los días 6 y 7 de agosto dedicó su atención, sobre todo, a los numerarios y agregados del Opus Dei de Lima y Cañete: les predicó meditaciones, participó en tertulias con ellos, etc.
El jueves 8 de agosto, después de celebrar la Santa Misa en la sede de la Comisión Regional, tomó el avión hacia Quito.
Ecuador
Alrededor del mediodía del jueves 8 de agosto, llegó Mons. Fernando Ocáriz a tierra ecuatoriana. Durante la tarde compartió un encuentro en el centro Solana. Ahí hubo espacio para conversaciones, cantos y la presentación de un baile típico de la sierra ecuatoriana. Antes de terminar el día, saludó a algunas familias. En la noche, durante un breve encuentro en la casa de retiros Ilaloma, varios de los asistentes contaron de los cuidados que procuran tener con las personas mayores con las que viven, algunas de ellas un poco enfermas y limitadas. El prelado les agradeció esos esfuerzos con quienes más cuidados necesitan.
Durante la mañana y tarde del viernes, el prelado del Opus Dei saludó a varias familias que lo esperaban en Ilaloma. Abuelos, padres e hijos pudieron conversar con él sobre sus vidas y sobre sus afectos familiares. Dos de las mujeres presentes habían saludado a san Josemaría en el aeropuerto de Quito en 1974, desde los hombros de sus papás, cuando apenas eran unas niñas.
Al terminar la tarde, Mons. Ocáriz tuvo un encuentro con alrededor de 40 sacerdotes diocesanos y algunos seminaristas: «Los sacerdotes no transmitimos solo ideas o doctrinas, sino a Jesucristo», les dijo. Resaltó la importancia de la Eucaristía como centro y raíz de la vida interior, y añadió: «Cada persona vale toda la Sangre de Cristo, un alma vale todo nuestro esfuerzo». El Padre Eduardo vive en Lita, al norte del país, donde son mayoría los indígenas de la comunidad Awa. Relató cómo, desde el año 2020, de una población de 5.000 personas, 600 se han bautizado, y un número significativo de matrimonios esperan poder formalizarse en breve. Fue una oportunidad para mirar este servicio a las almas con optimismo y esperanza. Al final, el prelado animó a todos a ser instrumentos de unidad, a fomentar la fraternidad sacerdotal y a estar unidos en la oración por el Papa Francisco.
El colegio Torremar, de Guayaquil, fue escenario el sábado 10 de agosto de un encuentro familiar con Mons. Fernando Ocáriz, que en esta ocasión, como es habitual en esta zona del país, llevaba sotana blanca en vez de negra. Acudieron personas de varias ciudades ecuatorianas, no solo de Guayaquil. Un joven abogado que estaba a punto de casarse pidió al prelado algún consejo para lograr un hogar feliz con su esposa y ser fieles toda la vida. Una mujer le contó las dificultades que ha tenido que sobrellevar con sus dos hijos, uno prematuro y el otro con síndrome de Down. También ella va a recibir próximamente el sacramento del matrimonio, después de diez años pidiéndolo a la Virgen y a san Josemaría. Al finalizar, el prelado rezó el ángelus con las más de dos mil personas que se habían reunido allí y les impartió la bendición. Durante la tarde, en la iglesia rectoral de San Josemaría Escrivá, compartió algunos ratos con diversos grupos de personas, varios de los cuales están comprometidos en labores de carácter social en zonas vulnerables.
El domingo 11 de agosto, de nuevo en Quito, tuvo otra reunión con un numeroso público. En el colegio Intisana, sede del encuentro, precisamente esos días se había instalado un “Museo de san Josemaría”: una exposición con motivo de los 50 años del viaje del fundador de la Obra al país. En respuesta a un piloto que le preguntó acerca de la conciliación entre la familia y el trabajo, Mons. Ocáriz aconsejó poner siempre en primer lugar las prioridades familiares y pedir luz al Señor para llevar con alegría los desórdenes inevitables. Una mujer, de nombre Ángela, le habló de una fundación con la que colabora, AFAC (Fundación de Ayuda Familiar y Comunitaria), que acompaña a mujeres embarazadas en situaciones vulnerables. Según dijo, AFAC ha contribuido a hacer nacer más de cinco mil bebés de madres que tuvieron intención de abortar. Pidió oraciones al prelado para poder continuar con esta labor.
Durante la tarde, tuvo dos tertulias con jóvenes en la casa de retiros Ilaloma.
La mañana del 12 de agosto, el prelado se dirigió al aeropuerto para tomar un vuelo rumbo a Bogotá.
Colombia
El martes 13 de agosto, el prelado tuvo un encuentro con cerca de sesenta sacerdotes. Les invitó a no descuidar la propia formación religiosa, a emplearse a fondo en la pastoral familiar —caldo de cultivo en el que el Señor suscita nuevas vocaciones para la Iglesia— y a pedir a los laicos una mayor participación en los medios de comunicación. En la tarde el Prelado recibió a algunas familias y bendijo la última piedra del Children Forest, un nuevo edificio escolar para niños de 5 a 9 años. «San Josemaría nos enseñó que debíamos terminar bien el trabajo y este edificio es una muestra de ello», comentó. Después, en la biblioteca del Gimnasio Los Cerros, el mismo sitio en el que por la mañana se había reunido con los sacerdotes, tuvo un distendido coloquio con unos 400 jóvenes provenientes de Medellín, Bucaramanga, Armenia, Manizales, Pereira, la Costa Caribe, Chía y Bogotá. No faltaron canciones, testimonios y preguntas de diverso tipo, todo lo cual dio pie a monseñor Ocáriz a hablar de la necesidad de acercarse a Dios y de acercar a los amigos a Dios.
En la mañana del miércoles, el prelado bendijo la imagen que preside el nuevo oratorio de la Universidad de la Sabana, una talla de la Virgen Inmaculada, elevada al cielo por dos ángeles. Luego se reunió con el cuerpo docente, al que recordó que la universidad no es una suma de facultades o materias inconexas, sino un lugar en el que se busca la verdadera unidad, en el que se evidencia la preocupación de unos por otros y el positivo interés de estar abiertos a todos. Con palabras animantes para quienes le escuchaban, dijo también que ya había estado allí dos veces anteriormente y que se había emocionado en esta ocasión al comprobar el crecimiento de la universidad.
Al día siguiente, 15 de agosto, hubo una nueva tertulia, como familiarmente llamaba san Josemaría a sus encuentros de catequesis, aunque concurrieran en ellos miles de personas, con colombianos llegados a Bogotá desde muy distintas ciudades, y también venezolanos. Era el aniversario de su ordenación sacerdotal, y no faltó quien le felicitara y desencadenara así un fuerte aplauso.
El viernes 16 de agosto, monseñor Fernando Ocáriz llegó a Medellín. Cerca de tres mil personas acudieron al City Hall para el encuentro de la tarde. Hubo varias intervenciones: emotivas unas, divertidas otras. Susana, de 23 años, pastelera de profesión, le ofreció un pastel y le dijo que, si le gustaba, le haría otro para que se lo llevara a Roma. También pidió sugerencias para hacer bien su tarea, a lo que el prelado respondió con algunas consideraciones sobre el sentido sobrenatural del trabajo. Otra mujer menos joven, Lucía, de 90 años —con unos 50 en la Obra—, preguntó cómo hacer vivir la alegría de estar en el Opus Dei a las nuevas generaciones. «No tenemos más ley para hacer la Obra que la oración», le respondió el prelado, entre otras cosas. Al final, el coro del colegio Alcázares entonó Esa, un vallenato del conocido músico y compositor José Vásquez.
Con este encuentro terminó el viaje pastoral del prelado del Opus Dei por América. Después pasó unos días en la casa de retiros Guaycoral, antes de regresar a la Ciudad Eterna.
Desde Medellín, quiso enviar un mensaje de amistad y cariño a todas las personas de la Obra y amigos de Venezuela, a través del Padre Ignacio Rodríguez, vicario regional del Opus Dei, y de la secretaria regional, María Gabriella Nicolicchia. Manifestó que les acompañaba en la oración por ese querido país y expresó que su deseo es viajar pronto a Venezuela para verlos y para dar un saludo a la Virgen de Coromoto.
[1] El texto se publica en este mismo número de Romana.
Romana, n. 79, julio-diciembre 2024, p. 207-213.