Pamplona (España), 29-VII-2025
Aprovechando su estancia en Navarra en el mes de julio, Mons. Fernando Ocáriz tuvo un encuentro con familias que participan de las actividades del Opus Dei en Navarra, el País Vasco y La Rioja. Se celebró el día 29 y participaron en él unas 3.000 personas. Se celebró en el campus de la Universidad de Navarra, en un sitio muy próximo a la explanada donde san Josemaría pronunció en 1967 la homilía Amar al mundo apasionadamente.
En su saludo inicial, el prelado del Opus Dei y gran canciller de la Universidad tuvo un recuerdo para quienes se encuentran en países en guerra: «Tanta gente sufriendo, tantos desastres. Y eso es nuestro. Todo el mundo es nuestro, como escribió san Pablo», dijo. También señaló otras intenciones que propuso tener presentes en la oración de petición: el Santo Padre, el trabajo relacionado con la actualización de los estatutos de la Prelatura y el buen desarrollo del Jubileo, que aquellos días reunía en Roma a cerca de un millón de jóvenes.
Un matrimonio de recién casados; otro con algo más de recorrido que desea afrontar cristianamente la posible vocación de los hijos; una persona que trabaja en la administración de un centro del Opus Dei, preocupada por hacer entender la grandeza del servicio y el cuidado de las personas; uno de los pioneros de la Universidad de Navarra, que ha vivido en Pamplona 70 de sus 95 años; un trabajador de la construcción; una empleada de la universidad, hermana de un sacerdote fallecido recientemente en un accidente; una farmacéutica atenta a las cuestiones éticas de su profesión…, fueron planteando, con sus intervenciones, un amplio abanico de cuestiones.
Ante este conjunto de retos, Mons. Ocáriz recalcó en varios momentos ideas escuchadas directamente de san Josemaría: entre ellas, la prioridad de la oración para el cristiano: «La oración es la única arma del Opus Dei», recordó. Además, invitó a vivir la amistad con todas las personas, también con aquellas que piensan o viven de un modo que contrasta con los planteamientos cristianos, y habló de la necesidad de tener amplitud de horizontes y no conformarse nunca con lo ya alcanzado, porque, como también decía san Josemaría, pensando en la Obra al final de su vida, «está todo hecho y todo por hacer»: es decir, siempre se puede llegar a más.
Pocos días después, el Prelado emprendió su viaje de vuelta a Roma.
Romana, n. 81, julio-diciembre 2025, p. 234.