Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, Declaración de la subsecretaria, Gabriella Gambino, en el 69º periodo de sesiones de la Comisión de las Naciones Unidas sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer (13-III-2025)
Señor Presidente,
hace treinta años se celebró en Pekín la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, bajo el lema «Acción para la igualdad, el desarrollo y la paz». Este aniversario brinda la oportunidad de reflexionar sobre lo que se ha logrado hasta ahora.
La igual dignidad de toda mujer y de todo hombre se fundamenta en su «propio ser, más allá de toda circunstancia [...]. Este principio, plenamente reconocible incluso por la sola razón, fundamenta la primacía de la persona humana y la protección de sus derechos»[1].
Sin embargo, la igualdad requiere no solo el reconocimiento de la dignidad de la mujer, sino también condiciones en las que pueda disfrutar de igualdad de oportunidades. En este sentido, la erradicación de la pobreza es clave, especialmente porque afecta más a las mujeres: no puede haber desarrollo ni paz si la pobreza socava la dignidad de la mujer.
Estrechamente vinculada a la pobreza está la educación, que es «una herramienta esencial para alcanzar los objetivos de igualdad, desarrollo y paz»[2]. Crea las condiciones para construir un «entorno en el que mujeres y hombres, niñas y niños, sean tratados en pie de igualdad y animados a alcanzar su pleno potencial, respetando su libertad de pensamiento, conciencia, religión y creencias [... y es] eficaz en la eliminación de las causas de discriminación contra la mujer y las desigualdades entre hombres y mujeres»[3].
El principio establecido en la Plataforma de Acción de Beijing de «poder y responsabilidad compartidos» entre mujeres y hombres solo se aplicará si se crea un entorno educativo en el que se cumplan estas condiciones.
Señor Presidente,
Permítame recordar lo que se acordó hace treinta años: «las mujeres desempeñan un papel fundamental en la familia, el núcleo básico de la sociedad y, como tal, debe fortalecerse»[4].
Lamentablemente, la tendencia predominante en las últimas tres décadas ha sido ignorar a la familia y considerar la maternidad como un obstáculo en la vida de las mujeres. Las mujeres no han recibido el apoyo que necesitan para conciliar la vida familiar y sus responsabilidades laborales, ignorando el hecho de que ambas contribuyen a la sociedad. Tampoco se ha protegido el derecho humano más básico, el derecho a la vida. Estos problemas solo pueden resolverse mediante la acción política y un cambio cultural con respecto a la familia y la maternidad.
Señor Presidente,
Aunque se han hecho progresos, aún queda mucho por hacer. Como dijo Su Santidad el Papa Francisco, «si las mujeres pudieran disfrutar de una plena igualdad de oportunidades, podrían contribuir de manera sustancial al cambio necesario hacia un mundo de paz, inclusión, solidaridad y sostenibilidad integral»[5].
Gracias.
[1] Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Declaración Dignitas Infinita sobre la dignidad humana, par. 1.
[2] Beijing Platform for Action, Chapter IV, par. 69.
[3] Ivi, par. 72.
[4] Beijing Platform for Action, Chapter II, par. 29.
[5] Papa Francisco, Preface, More Women’s Leadership for a Better World: Caring as the Engine for Our Common Home, ed. by Anna Maria Tarantola, Vita e Pensiero, 2022.
Romana, n. 80, enero-junio 2025, p. 31-32.