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De Oxford a Harvard

Desde que las creó en la Edad Media, la Iglesia ha visto en las universidades un vehículo privilegiado de indagación y comunicación de la verdad. En nuestros días, esa sigue siendo la razón de ser de la universidad, razón de ser que en la segunda mitad del año que acabamos de dejar ha encontrado reflejo en dos hechos de la vida de la Iglesia de los que el presente número de Romana se hace eco: la declaración de san John Henry Newman como doctor de la Iglesia y, más modestamente, la apertura de la causa de canonización de Ruth Pakaluk, supernumeraria del Opus Dei.

La figura de Newman es inseparable de Oxford y de su universidad. En la Universidad de Harvard, cuyo lema es precisamente “Veritas”, buscó y encontró Ruth Pakaluk la verdad.

Es difícil exagerar la centralidad de la cuestión universitaria para la Iglesia, en un mundo cambiante y, precisamente por eso, necesitado de puntos de referencia permanentes que den sentido a la evolución de las ideas y de los modos de vida. Por eso en la inauguración de curso de la Universidad Lateranense, el pasado 14 de noviembre, con palabras que también se recogen en este número de Romana, el Papa ha hablado de la universidad como «lugar de estudio, de investigación, de formación, de relaciones, de vínculos con la realidad en la que se inserta».

En Kenia, unas semanas antes, una universidad promovida por miembros del Opus Dei, Strathmore University, había convocado a algunos cientos de agentes sociales comprometidos con el desarrollo del continente africano. Es otra gran misión universitaria. O quizá es la misma, pues el desarrollo, como dijo hace ya muchos años san Pablo VI, es el nuevo nombre de la paz (enc. Populorum Progressio, 26-III-1967, nn. 76 y 87), y una paz digna de tal nombre no puede apoyarse en el engaño o en la injusticia, sino solo en la verdad.

Romana, n. 81, julio-diciembre 2025, p. 187.

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